8 Junio 2013
1. Ir a la la Casa Luis Barragán, uno de mis lugares favoritos del Planeta Tierra. Pura espiritualidad, pura emoción, pura arquitectura.

2. Recorrer la Condesa mirando puertas, portales, ventanas y cornisas. En el DF hay una concentración de arquitectura del siglo XX espectacular. En la Condesa hay muestras de estilo Art-Nouveau, neocolonial, funcionalista, ecléctica, racionalista pero sobre todo, Art-Decó. Había dinero y gusto en ese momento y esta colonia es un delirio para fetichistas de ese estilo, verbigracia, yo. Esta visita incluye peregrinaje al Edificio Basurto. Si nadie mira, podemos ponernos de rodillas y mirarlo con devoción.
3. Comer. Ya sea en una taquería popular tipo El Farolito, una mansión porfiriana como la de Rosetta o un clásico como Contramar, pero comer con ganas, calma y amor. También beber. Beber zumos de frutas, café de puchero, michelada, clamato y, la nueva pócima redescubierta, el mezcal.

4. Comprar alebrijes (una cultura que se inventa animales se merece todo el respeto), máscaras de luchadores, cerámica negra...Comprar artesanía que es un reducto absoluto de refinamiento y un valor que salvará muchas industrias.
5. Visitar librerías. Sirve cualquiera de El Péndulo: la de Polanco tiene un programa de actividades estupendo. Sirve El Centro Cultural Bella Época, o Rosario Castellanos, en la Condesa, inmensa pero con alma de librería pequeña. Allí es importante pedir un zumo de mango con chile mientras rematamos ese libro que llevamos en el bolso.

6. Recorrer el centro histórico, repleto de joyas como la Camisería Bolívar, la Pinacoteca Virreinal, la Jersey el Salón Los Angeles, el Sanborns de los Azulejos o el Zinco Jazz Club. Cadenas de moda de todo el mundo: esperad un poco para llegar a esta zona de Mexico, que así tiene alma, corazón y vida.
7. Visitar el Downtown, mirar los árboles que se transforman en parque, subir a la terraza y mirar tejados, iglesias y disfrutar de su piscina de cemento. Se puede dormir en el mismo hotel o en su versión hostel, y a un precio increíble, el Downtown Beds. En ambos casos se disfruta de este proyecto tan inspirador y tan sexy.

8. Leer revistas: en Mexico las hay excelentes como Gatopardo, Código, Chilango o Travesías. Y las de moda no regalan nada. Un país con buenas revistas es un gran sí.
9. Ir un domingo a San Ángel: el orden es: visitar la casa de Diego Rivera y luego almorzar en San Angel Inn. Esa es la secuencia correcta de actos.

10. Pasar una mañana en Coyoacán. Allí hay que (ojo al imperativo), comer un helado con nombre "Oración de Viento" u "Ofrenda de Muertos". Huelga decir que es obligatorio (ojo al tono) visitar el Museo Frida Kahlo o la Casa Azul. Cada vez que lo hago descubro algo nuevo. Esta vez me enteré de que en la cocina hay dos relojes. Uno de ellos marca la fecha en la que Diego Rivera se divorció de Frida Kahlo. Por este sentido trágico de la vida, a Frida hay que quererla. Si hay tiempo se puede visitar el Centro Cultural Elena Garro, otra lección de buen gusto mexicano. Sí, otra más.

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29 Mayo 2013
1. Jengibre y soba prefabricada comprada a medio día en un supermercado oriental. Mamá, tranquila: no ceno eso todas las noches.

2. Pañuelo para cubrir cuello y timidez.

3. Con todos ustedes, mis amigos los esbeltos auriculares, los cables del iPhone y del ordenador.

4. Naturaleza muerta compuesta por MacBook anciano pero sabio y querido, monedero, kleenex japoneses y las que quizás sean las gafas de sol más bonitas del universo.

5. Bolsa de aseo. El contenido, es claramente, objeto de otra lista.

6. Cosmética para probar. No a los tests en animales, sí a los tests en mí.

7. Libreta y bolígrafo Bic. Dos artefactos que aún nadie ha superado. Se ha intentado, siempre sin éxito.

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12 Mayo 2013

Stilton (Inglaterra). Hay parejas perfectas: Paul Newman y Joanne Woodward y un pedazo de Stilton con una copa de Oporto. Los ingleses han hecho creer al mundo que allí se come mal cuando tienen a este queso, que es un coloso. Cada vez es más fácil de conseguir en España. Poncelet, lógico, lo vende. El mío viene de Waitrose (ver lista anterior y aplauso a mi metaguiño).
Boffard (España). Es francés de origen y español de adopción. Se fabrica en Valladolid de manera artesanal con leche cruda de oveja o de vaca y oveja. Se compra en toda buena quesería de todo buen mercado. Todos tenemos una, ¿cierto?. También es parte del catálogo de Elite Gourmet. Es un queso cotidiano, sin alharacas. Es ese queso de final del día lo remata si ha sido amable y lo arregla si ha sido un desastre. Queso salvavidas.
Sbrinz AOC (Suiza). Es un queso enorme. En Suiza está prohibido el uso de hormonas y antibióticos en la crianza de ganado; ninguno de sus quesos tiene aditivos químicos ni gluten. Es de la escuela del Parmesano: amorfo, seco y sabroso. Nota mental: escribir una lista sobre alimentos amorfos, por ejemplo, las setas. Siempre son deliciosos
Torta del Casar (España). Era inevitable que se colara en esta lista con su sabor casi amargo, adulto y su irresistible grasa. Una nevera de bien incluye una Torta del Casar. Huelga decir que me gusta desde antes de que se volviera mainstream.
Gruyère curado (Suiza). Oh, sorpresa, se ha colado otro queso suizo en la lista. El gruyère con curación de 24 meses es un disparate de queso. Y comido con confitura de boletus, como lo prepara Rubén Arnanz en "EL Jardín de Orfila" es un doble disparate. Detalle pedagógico del día: el auténtico gruyère no tiene agujeros. Decir gruyère suizo es como decir champagne francés, una redundancia.
Un Camembert bien-maloliente: Y la lista se cierra con un queso francés. Podría haber varios, de hecho, la lista podría ser solo de quesos francesas. Pero la vida es elección y he aquí un Camembert de Normandía, por cierto, otra redudancia. Es un queso de esos que tumban cuando entras en la cocina, de los que exigen vinazo, un queso de un pro de los quesos, un queso de cierre de cena, un queso de cierre de lista.
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4 Mayo 2013
Siempre voy a...

1. Waitrose: A estos supermercados se va a comprar galletas para comer con el Stilton y también Stilton, sopas de zanahoria y cilantro, grandes cantidades de Earl Grey y galletas de mantequilla. De aquí salen regalos y auto-regalos. El más bonito es el de Belgravia, lleno de personas que caminan lentas por los pasillos eligiendo fruslerías innecesariamente necesarias.
2. Liberty: Voy aunque sea diez minutos. Siempre subo la escalera de madera, voy a la sección de telas y nunca compro nada. Su sección de papelería es adorable: un país que dedica tanto espacio a las Thank You Notes es un país evolucionado.
3. Bar Boulud: Desde que vine la primera vez, repito. O lo intento: hay que reservar con tiempo sobre todo los fines de semana. El ambiente es perfecto y puedes encontrarte a Michael Caine con un grupo de amigos comiendo lo mismo que tú: una de las hamburguesas marca de la casa. Bouludmaníaca soy.
4. Victoria & Albert Museum: Suelo hace coincidir mis viajes con una de sus grandes exposiciones de moda. Esto suena muy snob pero me temo que es así. No es complicado, porque las tienen durante todo el año. Las propuestas expositivas son atrevidas como no lo supondrías de un museo tan grandioso, pero esto es Inglaterra y la irreverencia es parte de la cultura.
5. Gieves & Hawkes: Esta tienda es una de las clásicas de Savile Row, una calle que siempre recorro mirando los sótanos iluminados donde cosen los sastres. Me gusta su formalidad y sus concesiones a la excentricidad. También el chico tan guapo que arregla zapatos como si estuviera engarzando zafiros.
Pienso volver a...

1. Ibérica. La idea de ir a un restaurante español fuera de España nunca me pareció seductora hasta que conocí estos lugares. Son preciosos (diseñados por Rosa-Violán) y cocinan unas croquetas imbatibles. Acaban de abrir una terraza en Canary Wharf, que parece una verbena de pueblo. Y eso, con los rascacielos de fondo resulta bastante irresistible.
2. & Other Stories. Los que ya comprábamos en COS éramos público cautivo de este nuevo experimento de H&M. Se parece a COS en la limpieza del patrón y en la paleta de color. & Other Stories es, sin embargo, más ligera, más sensual. Lo queremos todo, por supuesto.
3. Cowshed. Esta marca inglesa tiene unas pequeñas tiendas repartidas por la ciudad en las que es posible comprar gel y crema de cuerpo de Wild Cow, o de cualquiera de los moods que venden y hacerse la manicura. En serio, no es mal plan parar un rato durante un viaje a Londres y dejarse mimar en estos sitios tan cuquis.
4. Dean Street Townhouse. Por alusiones, este hotel es parte del grupo Soho House, como Cowshed. Sus productos se encuentran en los baños en cantidades industriales. Esto ya sería una razón para que yo, frívola alma, repitiera, pero hay más. Es como ser la invitada de un amigo que tiene una casa fabulosa y donde siempre encuentras té y galletas.
5. Cafe Royal. Nunca reparé en este edificio de Regent Street hasta que leí sobre su reforma. Lo que ha hecho David Chipperfield es extraño pero fantástico y vicevesa. Pienso llevar a quien se preste al The Grill Room, para que sepa lo que es un bar mítico de hotel. Y sí, Churchill también bebió aquí.
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17 Marzo 2013

1. Todo lo que tenga que ver con resolver problemas domésticos: cambiar cortinas o la funda del edredón. Me angustio si hay que descongelar el frigorífico, si el agua de la ducha se cuela por una grieta. Tengo lámparas hermosas guardadas porque hay algo en sus cables que no entiendo. Tengo grandes problemas para relacionarme con la realidad física.
2. Cuidar plantas. Se me mueren cactus que resistirían cien años en el desierto de Sonora.
3. Arreglarme el pelo. Dioses del Olimpo: ¿por qué no me otorgasteis ese don? Por qué no puedo ser una chica normal que agarre su secadorcito con una mano, el cepillo con otra y se deje el pelo como esa cosa irreal llamada Olivia Palermo.
4. Tomar decisiones irrelevantes con rapidez: ¿es necesario estar dos semanas buscando un billete de avión si sé destino, fecha y la mejor web? ¿Me juego tanto a la hora de elegir un lugar donde cenar? ¿Es necesario que llamar a X tenga que ser considerado durante horas? ¿Tengo que pensar tanto si me pongo el brazalete dorado o el color bronce? ¿Hay que ir cuatro veces a Zara antes de comprar un pantalón de 29,90€? Eso no es compra meditada: es compra neurótica.
5. Conducir: hay mucha literatura (mía, básicamente) en torno a esta patología.
6. Pintarme los ojos. Nunca. Nada. Fatal. Ni con clases. Ni con paciencia. Tuve que optar por los labios.
7. Comer unas cuantas patatas fritas de bolsa. Siempre tienen que ser muchas Todas. Es una de las pocas grietas por las que dejo que se cuele mi agazapado salvajismo.
8. Visitar con calma una exposición: las exposiciones las paseo y eso no se corresponde con mi interés. Si voy es porque quiero verlas, pero no lo parece. Puede repetir (soy muy fan de la recurrencia) pero nunca me veréis leyendo cartelas y dándole a todos los botones de mi audioguía. ¿Herencia de un pasado museístico o vulgar dispersión?
9. Terminar un libro que no me gusta. Soy una lectora ávida y cruel que comparte la frase de Julio Ramón Ribeyro: "¡Cuántos libros, Dios y que poco tiempo y a veces qué pocas ganas de leerlos!"
Imagen: Fondation Beyeler (Basilea)
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13 Febrero 2013
*Esta lista forma parte del libro 1887 Recetas para que el amor dure, de Cafés la Estrella. Briefing: amor duradero y café. Esta es la receta número 0522.

1. Hablamos de teléfono fijo a teléfono fijo siempre y en posición horizontal. No escribimos mensajes con iconos mientras caminamos por la calle y un coche está a punto de atropellarnos.
2. Me enjabonas el pelo en la ducha. No soporto hacerlo, pero me derrito si me lo hacen.
3. Si estoy leyendo en la cama por la noche y tú quieres dormir, nunca me pides que apague la luz. Dices que te relaja el sonido de las páginas al pasar.
4. De mi diseñador de moda favorito solo conoces el nombre. De tu director de cine favorito solo he visto dos películas.
5. No me tratas como a una princesa, porque no soy una princesa. Y somos republicanos.
6. El primer día que tomamos un café te fijaste en que lo bebo en taza blanca. El segundo día ya me lo serviste así. Y se lo vas diciendo a los camareros (con un poco de vergüenza) para que nunca lo hagan en una taza, por ejemplo, naranja.
7. Te inventas palabras y eso no podía dejarlo escapar.
8. En los viajes llevamos maletas separadas. Cada uno vigila su tarjeta de embarque, pero compartimos las chocolatinas en el avión.
9. Nunca hemos hablado de durar. No somos yogures.
10. Todas mis sopas te parecen deliciosas. Hasta aquella que tenía color verde nuclear, no sabía a nada y comiste sin rechistar.
11. También te gustan Joni Mitchell, Casa Tomada, Sophie Calle, las conservas ricas, la siestas, los helados en tonos marrones, caminar, correr y llevar bufanda de febrero a abril. Demasiados universos coincidentes para ser desaprovechados.
12. Te muestras vulnerable ante mí y yo me muestro vulnerable ante ti y esos nos hace fuertes a los dos.
13. Una tarde vimos juntos Te querré siempre, de Rosellini. Luego yo me fui a Italia, donde se rodó la película. Te llamaba por teléfono desde allí. De fijo a fijo, claro
14. Te parezco guapa siempre, sobre todo con gafas y despeinada. Me pareces guapo siempre, sobre todo sin gafas y peinado.
15. Eres ese pantalón rojo que compré en un minuto cuando lo que llevaba buscando durante meses era un vestido negro. Algo innecesario y que nunca pensé llevarme a casa, pero que no me quiero quitar de encima.

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1 Febrero 2013

1. Porque no se parece a nada y, aunque eso no es bueno en sí mismo, en este caso sí lo es. Mapa solo se parece a Mapa.
2. Porque, pese a que encierra tristeza, sobre ella sobrevuela la certeza de que la vida es un juego que hay que jugar. Play the game.
3. Por la música, por India, por la ironía, porque se cuela Truffaut, por los edificios.
4. Porque hay que verla este fin de semana. Sobre todo este fin de semana.
5. Porque León Siminiani cometió la locura de escribir, rodar y montar una película en soledad durante cuatro años. Sí a las locuras.
6. Porque si escribiera una lista de "Mis personas favoritas del mundo entero", su director estaría situado muy muy arriba.
7. Porque habla del olvido, material inflamable.
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4 Enero 2013

1. El día que nació mi primera empresa. Fue el 15 de marzo, con los idus, y con la mejor socia que podría soñar. Fue tan bonito quitar el password de Laconicum y lanzarlo. Y lo mejor acababa de empezar.
2. El día que me dejaron entrar en el cockpit de un Airbus 380 de Air France en un vuelo Tokio-Paris. Estábamos sobrevolando Siberia. Se veía hielo por todos lados. Pura poesía.
3. La noche que cené con Patrizio di Marco en un palacio florentino.
4. El día que asistí, atónita, al espectáculo de un guepardo devorando a una gacela mientras sus padres aullaban de pena. Fue en Kenia. Tardó una hora en hacerlo. Luego se tumbó a dormir la siesta
5. El día que crucé la puerta de La Mamounia con mi hermana. Me acuerdo (Joe Brainard, esto es para ti), de nuestras caras al pensar que ese lugar iba a ser nuestro un par de días.
6. La tarde que vi The Deep Blue Sea.
7. El día que decidí que no pasaba nada por abandonar. Y que no tenían que ser batallas perdidas, podían ser incluso batallas por ganar.
8. El día que Gwyneth Paltrow pasó cinco minutos hablando de los bonito que era el vestido que yo llevaba y preguntándome dónde lo podía comprar. En perfecto castellano, claro. Ella, la mujer que llevó en los Oscars el vestido más bonito del año.
9. El día que la gran lectora romántica se pasó al Kindle. Y descubrió que iba a seguir comprando libros de papel siempre que fueran deliciosos y que había muchos que lo eran.Y que todo era compatible. Y que, como el saber y el placer sí ocupan lugar, había que racionarlos bien.
10. El día que miré atrás y descubrí que tenía nuevos amigos.
11. Los días que me reí mucho, mucho, en Asia, con gente fabulosa. Ellos saben quiénes son.
12. El día que volví a montar en bici, correr y, hasta a hacer el pino, después de un año de fragilidad en la espalda.
13. La noche que se me estropeó el walkie-talkie en una tienda (preciosa pero solitaria) de la sabana keniana y no había luz, y no entendía los ruidos que había ni por qué el cielo era tan oscura. La vida sin emociones, vaya cosa mate…
14. La tarde que me corté el pelo.
15. El día que supe que, por determinadas causas, tenía que manifestarme. Con lluvia, con calor, sola o acompañada, sin ganas o con muchas.
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