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La Coctelera

Chica Lista

La vida es un caos y yo soy una chica ordenada. Por eso hago listas.

21 Junio 2014

Cinco cosas que todo el mundo adora y yo, en fin, depende

 

1. Las terrazas.

Me gustan las buenas, las de Paris, donde se fraguaban las revoluciones burguesas y hoy nos despluman, donde nadie se mira cara a cara. Me gustan las de las fotografías de Cartier-Bresson (atención, exposición en Fundación Mapfre) y las de Robert Doisneau y Capa. Me gusta la del Círculo de Bellas Artes, cuando a las 9 de la noche, en verano, el cielo revienta. Me gusta la del Sculpture Garden del MoMA, con su cemento y sus Bertoia y la del Metropolitan. Me gusta la del Peninsula de Shanghai, que sobrevuela el presente y el futuro. Me gustan las de la calle Betis, a orillas del Guadalquivir, donde como tomate aliñado y sardinas asadas. Me gustan las de mi casa, donde siempre pasan cosas buenas.

PERO detesto las terrazas a cualquier precio. Y, sobre todo, a algunos precios. No entiendo las que pegan a la carretera; aprendamos de la vieja Europa: las sillas se pegan a la pared, no a los coches; así la ciudad se convierte en un desfile de moda. Me resulta inconcebible un fenómeno madrileño: terrazas en cuesta, servicio atroz, precios dignos de un Shangri-La y todo muy lejos de Shangri-La. Eso no quiere decir que no las cultive y las pueda llegar a disfrutar mucho. Pero desde aquí lanzo un grito furioso: dignifiquemos las terrazas. Concejala de terrazas, ya.

2. Los cocktails

Me gustan los que sirven, con calma, en ese trocito de cielo llamado Royal Mansour; los que prepara Javier de las Muelas. Me gustan los que, de repente, se marca algún amigo casi sin pedírselo y sin fanfarria. Me gustan los muy simples que, incluso yo, me atrevo a preparar cuando nadie me lo pide. Me gusta el gin-tonic de señor (o señora) inglés de setenta años, el Campari Naranja y algo, poco, más.

PERO no soporto la sobredosis de cocktails, la pirotecnia de barra de bar, que sean el único reclamo de algunos lugares, las bebidas de colores raros y que supongan que porque soy una chica me van a gustar. Tampoco que cobren sin, por supuesto merecerlo, el equivalente a una camiseta de COS en rebajas. Prefiero la camiseta siempre.

3. Los barcos

Me gusta la fantasía (fan-ta-sía) de un verano de camisas blancas en velero a lo Ripley. Me gusta pasar un día con el pelo ingobernable de sal, en el Mediterráneo. Me gusta el barquito que cruza la ría de Tavira. Me gustó navegar alrededor de Hong Kong hace años, también montarme en un barco de la America´s Cup en San Francisco. Me gustará navegar por el Amazonas, por el Canal du Midi y por supuesto hacer el Road to Mandalay de Belmond.

PERO no quiero pasar unas vacaciones sin pisar tierra firme. No me gustan los ferrys y las zodiacs que siempre se terminan moviendo muchísimo porque el viento no pide permiso. No, por favor, eso no. Yo, que tengo una mente y un alma muy tambaleantes, necesito solidez bajo mis pies.

4. Las ciudades demasiado bonitas

Como todo aquel que pasó la infancia y parte de la adolescencia con gafas de cristales gruesos soy muy sensible a la belleza. A la convencional y a la que me invento. Me gustan mucho Paris, Venecia, Nueva York, Sevilla y San Sebastián; lo contrario sería incomprensible. Hasta estas ciudades tienen su lado menos hermoso y eso es lo que las hace grandes.

PERO hay otras ciudades (colocar aquí nombres varios) que me interesan solo un día. Y a mí, que me gusta tanto repetir destino, eso solo me sirve...una vez. Son como esas películas de las que se sale diciendo: "muy bonitos el vestuario y la fotografía". Son como esos guapos y guapas oficiales que nunca han tenido que ser nada más y terminan devorados por su belleza sin poder crecer. Esos parques temáticos de la belleza oficial me aburren porque se convierten en Gloria Swanson en Sunset Boulevard. En cambio, adoro Mexico DF, Oslo, Berlin, Miami, Madrid, Tokio y necesito con urgencia ir a Brasilia. Me gustan las ciudades con narices largas, las ciudades guapifeas.

5. La comida japonesa

Amo la cocina japonesa. Mucho. Muy fuerte. Uno de mis platos favoritos de Madrid es el Katsu-karē del Naomi. Me encanta comer allí cada poco tiempo. Me gustan sus berenjenas con tofu, el aperitivo de atún seco, los maki, sashimi y nigiris. Cada vez que voy a Japón muero de felicidad ante cuencos de ramen y peces que no conozco y no sé si quiero conocer. Quiero ir a cenar al nuevo Green Tea del hotel Palace. En invierno ceno muchas noches sopas de miso y anteayer preparé edamame.

PERO qué culpa tiene el sushi (y alrededores) de su banalización. Preparar comida japonesa es complicado y algunos españoles lo hacen con una maestría brutal. Pero no todo el mundo sabe hacerlo. Es imposible que todos sirvan, de repente, buenos makis, sashimi y nigiris. Que todos sepamos comprar el pescado perfecto y cortarlo. ¿Por qué rellenar california rolls de cualquier cosa sin control? ¿Por qué usar tanto la imaginación? Cocinar en tempura no es rebozar. El arroz de los maki no es arroz hervido ni el wasabi es verde flúor. Paremos esto. No. En serio. No.

Imagen. Robert Capa: Alla and her dog sitting at Cafe de Flore,Paris1952

 

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30 Marzo 2014

Diez de las muchas cosas (importantísimas todas) que he hecho en la última semana

1. Comenzar el libro All That Is, de James Salter recién traído de Strand por alguien que me conoce muy bien. En una entrevista el escritor dijo que quería escribir un libro en el que nadie subrayara nada en ninguna página. Entonces, ¿dejo el lápiz, señor Salter?

2. Pensar mucho si comprarme o no unas Nike. Conjugar varias veces los verbos "querer", "necesitar" y hasta "deber"

3. Asistir a la fiesta del 10º Aniversario del Master de Comunicación y Moda del IED, en el que doy clase desde que nació. Qué bonito ver a los alumnos tan contentos, trabajando tan bien. Ellos podrían ser mis profesores ahora. Egonota: me dieron, oh sorpresa, un diploma y un broche de Anna Tomich.

4. Terminar de ver Girls. Sí, soy de la mitad del mundo que es pro-Girls. Ver The Grand Budapest Hotel. Soy de la mitad del mundo pro-el melancólico Wes Anderson.

5. Mirar las seis botellas que tengo en el frigorífico de zumos naturales de Drink6 esperando encontrar un día para beberlos. Toxinas, fuera de mí.

6. Comer uno de mis platos favoritos y menos fotogénicos de Madrid: el katsurei del Naomi. Y uno de los más deliciosos de los últimos meses: las zamburiñas de La Tasquita de Enfrente. Y asombrarme del olfato de Juanjo: averiguó mi perfume, que es todo menos fácil.

7. Enfrentarme el episodio de The Good Wife en el que pasa #lodeTheGoodWife, gran término acuñado por mi venerado Alberto Rey.

8. Escuchar el nuevo disco de Jorge Drexler, Universos Paralelos. Y, de paso, volver a los clásicos y recordar las verdades que encierran temazos como "La vida es más compleja de lo que parece". Es la banda sonora de esos momentos en los que el velo semitransparente del desasosiego se instala entre el mundo y mis ojos.Qué canción tan desarmante.

9. Retomar la idea de ir este verano a Metohi Kindelis, en Creta. Quiero comer los famosos aguacates que cultivan los Kindeli.

10. Visitar, yo y cientos de personas más, la exposición de Pixar en el Caixaforum. Sin ser muy pixarómana me emocionó ver tanto niños felices.

11. Comenzar la maleta mental de mi escapada italiana. Soñar, dormida y despierta, con Morandi, mortadela y Spritz.

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21 Marzo 2014

Once cosas que aprendí el pasado fin de semana en Paris sobre Hermès y Paris

1. El Grand Palais fue concebido para competiciones ecuestres. Llevaba medio siglo dedicado a otras tareas hasta que llegó Hermès y lo reivindicó. Ahora, y desde hace cinco años, bajo su cubierta de acero y cristal, se celebra el Saut Hermés. El mundo no está preparado para tanta belleza. Los parisinos, sí.

Imagen: Hermès.

2. Phillippe Dumas es una gloria nacional para muchos niños adultos. Él ha escrito e ilustrado algunos de los cuentos infantiles que han leído un par de generaciones. Mucha gente desconoce que es parte de la familia Hermès.

3. Las sillas de montar de Hermès las realiza un solo artesano de principio a fin. Esta misma persona será la encargada de restaurarla de por vida. Esas son las condiciones para jinete y para artesano, que terminan teniendo una relación eterna.

4. Al Saut Hermès puede asistir cualquiera. Cualquiera que esté al tanto de cuando salen a la venta las entradas y las compre.

5. Bartabas es el fundador de la Escuela Ecuestre de Versalles y otra especie de gloria nacional. He aprendido que Versalles tiene una escuela ecuestre y un director con un nombre imposible de olvidar. Estos caballos y estos jinetes entrenan para sus espectáculos en los establos de Versalles. En la fotografía no se aprecia la velocidad a la que montaban las jinetes. Sin manos.

Imagen: Hermès.

6. Se puede integrar la tecnología en el mundo del lujo sin que resulte oportunista o barato. Miremos esta fotografía del Social Wall del Saut Hermès.

7. Hermès cuenta con un comité de color para sus pañuelos. El color es siempre, en esta casa, imprevisible e imaginativo. No sólo en los pañuelos, también en los zapatos y en estampados como el Equateur, uno de los más representativos. Las portadas de su colección de minilibros también demuestra que para saber mezclar así colores hay que llevar muchas décadas jugando con ellos.

8. La tienda de Les Arts Décoratifs, 107Rivoli, sigue siendo un imprescindible. Aunque vayas mil veces, aunque solo compres una postal o una bandeja de Hay. Siempre nos pensamos si llevar en el avión el catálogo de la exposición en curso. Esta duda es un clásico de las escapadas parisinas Paris

9. La terraza de la tienda de Hermès de la tienda del número 24 del Faubourg Saint-Honoré tiene un jardín. Y ese jardín lleva siendo cuidado, por la misma persona, desde hace veinte años. Chapeau.

10. Hermès tiene un doble vaso. Un vaso que puede ser usado por los dos lados. Tan simple como deseable.

11. Le Bristol, uno de mis hoteles favoritos del mundo, tiene su propio libro. Se llama Le Bristol, a Miscellany y lo deja en cada habitación como regalo. Está escrito en forma de miscelánea y cuenta historias como la siguiente. Durante la construcción del hotel, Hyppolyte Jammet trajo a su familia a vivir a la habitación 101 mientras terminaba su gran proyecto. Su hijo recién nacido dormía en un cajón que hacía las veces de cuna. Ese bebé era Pierre Jammet y 39 años después se convirtió en director del hotel.

 

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14 Febrero 2014

Cuatro lugares inesperados donde me he quedado dormida

Intro: Cuando tenía unos 8 o 9 años el psicólogo del colegio me dijo: “si solo pudieras pedir un deseo, ¿cuál sería?”. Yo respondí: “dormir cuando tenga sueño”. Lo mantengo. No soy dormilona ni tengo narcolepsia, nunca duermo más de 7 horas y me parece que levantarse tarde es decadente; pero dormir cuando llega el sueño (que llega, muchas veces, sin esperar) me sigue pareciendo el súmmum del lujo.

1. En un concierto de Katy Perry. Fue en Rock in Rio en Rio de Janeiro. Le podría echar la culpa al jet-lag, pero sería fácil. Llegó la hora de dormir y no podía volver al hotel. Me tumbé en el suelo y, bajo decenas de decibelios, me dormí. No me interesa Katy Perry.

2. En una barco recorriendo el Golfo Papagayo, en Costa Rica. En realidad no un barco: era una barca de pescadores y había siete personas más. También había un curioso oleaje y las olas nos empapaban. Me dormí un ratito, con la brisa de frente.

3. En el cuarto de baño de mi propia casa. Tenía invitados para cenar. Eran entretenidos y todo estaba saliendo bien. Pero sentí el sueño llegar como un tsunami. “Me perdonáis un momento” ¿Te encuentras bien?”, “Sí, perfectamente”. Me encerré en el cuarto de baño y me dormí unos minutos. Volví nueva, muy digna y me tomé el postre. Solo una persona se dio cuenta y aún nos reímos a carcajadas cuando lo recordamos.

4. En una ceremonia del té en el distrito de Nihonbashi, en Tokio. Llevaba un millón de horas sin dormir, la japonesa se movía con lentitud, la luz era tenue y todo estaba envuelto en una atmósfera ligera como el ala de una mariposa. Tuve que dormirme un par de minutos, claro.

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4 Febrero 2014

Diez tendencias viajeras para 2014 que revisaremos en 2015.

* Esta lista fue publicada en enero de 2014 para Vanity Fair. Escrita por mí, claro.

Viajar es estresante. Hay que saltar un obstáculo tras otro: decidir fecha, compañía, destino, hotel, barrio, restaurante y compartir todo esto. Es agotador física y emocionalmente, pero hacerlo nos hace más libres. Las tendencias existen para ayudar, piensen lo que piensen las almas cínicas; son paraguas que nos resguardan. Los viajes están sometidos a las tendencias como las sudaderas o los esmaltes de uñas. Solo que son mucho más edificantes (con su permiso, señores de la moda) que ellas.

1. Este será el año de Berlín (se cumplen 25 años de la caída del muro) y de Brasil y su Mundial de Fútbol. Son excusas, pero grandes y legítimas. Estas ciudades se defienden sin efemérides, pero si nos agarramos a ellas, mejor sacar billetes cuanto antes. También será el año de Cortázar: se cumple un siglo de su nacimiento. Nos aburriremos de ver reportajes tipo El Paris de la Maga y Argentina para cronopios y querremos repetir la aventura de seguir la autopista Paris-Marsella sin salir de la autopista. De hecho, puede que hasta yo contribuya al ruido cortazariano. En realidad, no nos vamos a aburrir porque disfrutaremos releyendo esas grandes guías de viajes inconscientes (como las mejores guías) que son Rayuela y Los Autonautas de la Cosmopista.

2. Viajar por viajar pierde puntos. Cada vez se viaja más para comer (esto lo saben en el País Vasco y en Perú), para descomprimir (en esto se basan sellos enteros como Banyan Tree y Six Senses), para ir de rebajas o outlets (Londres, Florencia, ¿me oís?), para asistir a concierto (¿verdad, Bayreuth?) o para visitar algunas expos como la de Bowie en Londres.

3. Las buenas guías de viaje, por alusiones, no estaban muertas: estaban repensándose. Las antiguas y clásicas (los libros de Chatwin y de Isak Dinesen) no necesitaban hacerlo. La nueva hornada de guías son útiles, hermosas, se mantienen en el tiempo y funcionan como pequeños fetiches. ¿Ejemplos? Las City Guides de Vuitton, las de Walk with Me de Madrid y las GoGo. Y las App…de esas hablaremos otro día.

4. No sabemos que nos deparará Instagram, pero con su voluntad esteticista y su afán de convertirnos a todos en artistas tiene recorrido para mucho tiempo más. Nuestra vanidad es insaciable. Hoteleros, restauradores: estáis vendidos; pero no nos toméis tan en serio: una foto es una foto es una foto.

5. La feria del viaje de lujo, ILTM (International Luxury Travel Market) se celebró en Cannes hace unas semanas. Es un equivalente a las semanas de la Moda de Paris, Milán y Nueva York juntas. Paul James, Global Brand Leader de St. Regis y The Luxury Collection y una de las personas que mejor teorizan sobre el nuevo lujo viajero nos contó que ahora es femenino, global y joven. Y vive hiperconectado. En Cannes también aprendimos que al lujo le espanta la palabra lujo y que hasta el término experiencia está superado, porque ahora se busca contenido para construir recuerdos. Nada más y nada menos.

6. En Cannes también confirmamos que los destinos más exclusivos son aquellos donde nadie va, como Kamtchatka, los que propone Silverseas y que parece casi un lugar mental. También a rincones como Almaty, donde Ritz-Carlton aterriza o a Yantarnny, donde Relais&Chateaux cuenta con un nuevo hotel. Pero también aquellos de siempre vistos bajo un prisma distinto. Y aquí cabe hasta el mundo Disney: Four Seasons abre hotel en su parque de Orlando. Paris y Londres siguen en cabeza. Los viejos rockeros nunca mueren.

7. Y ¿dónde tenemos que viajar? A la campiña inglesa, los Emiratos, Nicaragua, Colombia y a la China interior. Destinos para viajeros que ya han viajado mucho.

8. ¿La tecnología? Bien, gracias. Según Michael Hobson, Chief Marketing Manager de Mandarin Oriental “ su presencia será clave pero los principios de la hospitalidad serán los mismos: buena cama y buena comida”. Según yo, cama, ducha, desayuno y, a partir de ahí, hablamos. Probablemente, tu iPad (no el mío) me sobre.

9. Los trenes tienen la autoestima alta. La idea machadiana de viajar ligeros de equipaje nos gusta hasta que nos obligan (casi con vejaciones) a ello. Además, con los nuevos AVE Barcelona-Paris o Madrid-Marsella se abren las opciones. Las compañías aéreas y los aeropuertos hacen lo que pueden (mucho) por insuflar algo de placer en la experiencia de volar. Espero, eso sí, que este NO sea el año en el que el wifi se extienda a todos los aviones.

10. La obsesión por lo local va camino de convertirse en una neurosis. Cenar con locales ya es posible sin tener amigos en el destino. Webs como Eatwith lo permiten. Huelga hablar del éxito de Airbnb, que enferma a los hoteleros y alegra a los viajeros. Estos modelos de negocio permiten acceder barrios y lugares que de otra manera no conoceríamos y atrapar algo de el Santo Grial de los viajes: la esencia local.

Sin embargo (y aquí va el pensamiento incorrecto de 2014) quizás sería bueno relajarnos y asumir que, allá donde vayamos, siempre seremos viajeros y extraños. Y eso es bueno. Lo importante, siguiendo a Cortázar en su año, es que nos convirtamos en autonautas y elijamos nuestras propias cosmopistas.

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26 Diciembre 2013

Cinco momentos y cinco conclusiones

Según Instagram estos son mis momentazos de 2013.

De esta lista se puede extraer esta sublista:

Cinco conclusiones:

1. Donde esté una piscina que se quite un selfie.

2. La geometría y la simetría nos dan paz. Los espacios vacíos nos inquietan y nos gustan.

3. Dame una foto desde una terraza bien alta, dame una puesta de sol dramática y te daré muchos likes. Lo que funcionaba en la era pre-IG funciona hoy. Nada cambia tanto.

4. Yo tengo mucho menos tirón que los sitios que visito. Y no lo entiendo porque tengo un perfil que parece sacado de una obra de teatro de Lorca.

5. Paris está muy bien. Marrakech también, pero a Madrid...solo podemos quererla.

* Gracias, Instagram, por resolverme una lista.

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28 Octubre 2013

Seis razones para visitar Oslo y una para no hacerlo.

1. No tiene una belleza obvia. Es como Anjelica Huston, como Benedict Cumberbatch: no aptos para todos los paladares; precisamente por eso, esconden su hermosura para el que le apetezca descubrirla. Entre la arquitectura comunista, el nuevo Oslo y la presencia del fiordo, Oslo resulta irresistible. Pero no busques la postal.

2. Es interesante visitar un país en crecimiento, pero no en crecimiento loco. Los noruegos son sencillos por naturaleza, están apegados a la tierra: siempre fueron eco, orgánicos y sostenibles porque no sabían ser de otra manera. Ahora, incorporan eso a sus cifras micro y macroeconómicas, que crecen y crecen. Da gusto ver con la calma con la que se construye y urbaniza; también estudios de arquitectos como el de Snøhetta, el más importante de la ciudad, con decenas de mesas ocupadas.

3. La Naturaleza roza la ciudad. Pero no hablamos de arbolitos ni parques, sino de Naturaleza bruta. El fiordo marca la forma y la vida de la ciudad. Se pueden recorrer algunas de las 40 islas con el ferry. Muy cerca de Oslo está también el lago Sognsvann. Se llega en metro. Los locales rodean el perímetro caminando, corriendo, con su perro y, en invierno, esquiando. Los noruegos no están nunca quietos.

4. Tiendas. Oh. Las tiendas de Oslo. No tiene la fama de su prima escandinava Copenhague, pero el nivel es altísimo, sobre todo en ropa de hombre, deportiva y tiendas de decoración. Porque, y aquí viene un tremendo choque cultural: los locales salen vestidos de deporte aunque no vayan a hacer deporte. No en chándal, sin con ropa técnica, a ser posible negra y/o austera. En Grünerløkka (el barrio a memorizar) hay tiendas de chico con jerseys, prendas de abrigo y mochilas perfectas como Dapper.

Allí también, en Bolia o Granit, encontramos muebles y objetos para la casa para hiperventilar. Y también hay que ir a la escandinaviamente obligatoria ACNE Studios, que incluso tiene una tienda de piezas de desfile y prototipos.

5. La Casa de la Literatura (Litteraturhuset). Habría que decir que su programa de actos es lo más importante, pero los bollos de canela están al mismo nivel. Aquí se reúne media ciudad a tomar café, comer o cenar y, siempre a leer. El wifi gratis es secundario: la gente lee. Ambiente fantástico, de edades mezcladas. E, insisto, tremendos bollos de canela.

6. El nuevo Oslo. Concejales de urbanismo de España, háganse/hágannos un favor y viajen a Oslo para ver cómo se proyecta, se construye y se da vida a una zona nueva. Aker Brygge tiene esos edificios de viviendas que nunca veremos por aquí. También hay allí un hotel estupendo, The Thief, que confirma que se poder ser muy moderno y tener muy buen servicio, algo que a veces se olvida. Y, por último, es obligatorio visitar, el edificio que Renzo Piano inventó para el Museo Astrup Feansley, uno los símbolos de la vanguardia noruega. Es como un barco de madera y entre sus paredes de madera fluye una curiosa energía. Como en el propio Oslo.

Solo hay un motivo para no visitar Oslo. Los locales, a medio día, comen una rebanada de pan con queso marrón, el queso local. No hay por qué imitarlos.

De acuerdo, no es un motivo muy disuasorio.

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30 Septiembre 2013

10 razones por las que idolatro a Hermès

 

1. El humor, oh, el humor. No hay ni pizca de gravedad en Hermès (sí de seriedad) y eso es adorable. Trabajan como si fueran niños que juegan en el parque con un globo. Inventan colores, forran hipopótamos de piel de avestruz para sus escaparates y construyen bolsos en forma de manzana para quien necesita tomar una al día.

2. La creatividad y la artesanía, cuando se unen, son revolucionarias. Hace cien años, ahora y dentro de cien más.

3. Es imprevisible. Hermès, una firma venerable, se atrevió con una web con ilustraciones juguetonas antes que nadie. Y no perdió ni un punto de respeto.

4. Inventó el Petit H, un laboratorio regala una segunda vida a las pieles descartada en forma de objetos.. Y qué objetos. Y qué pieles. Y qué lugar (físico y mental) este Petit H.

5. Su tienda del Hotel Lutetia de Paris es una de mis tiendas favoritas del mundo. Y los dioses saben que he visto muchas. La Maison Hermès que Renzo Piano construyó en Tokio tiene un pequeño museo de miniaturas por el que se justifica un viaje a Japon. Cómo me gusta soltar estas boutades.

 

6. Está por encima del Kelly y el Birkin, dos bolsos que algunos han intentado convertir en símbolos de la marca. Hermès es mucho más que sus listas de espera. De hecho, y esto es una bravuconería, creo que estos dos objetos han hecho daño a muchas décadas de creatividad.

7. Porque, en realidad, promueve un lujo en voz baja. Porque para esta casa, lo lujoso es lo que se puede arreglar y ese me parece una brutal declaración de intenciones aplicable a muchos aspectos de la vida.

 

8. Mantiene su posicionamiento sin temor a cantos de sirenas. Sabemos como suenan esos cantos de sirenas. Ser fiel a uno mismo es cansado pero hermoso.

9. Por sus escaparates, tan locos. Algo así solo puede salir de alguien mundano, que bate y agita sus referencias, con la retina llena, de alguien como Leila Menchari.

10. Por imaginar exposiciones como Esencia del Cuero, con tantas capas de información, con un montaje mejor que el de muchos museos de esos que arrastran colas. Esta exposición se puede ver (padres, abuelos, niños, primas, amigos), hasta el 13 de octubre en el Palacio de Cibeles de Madrid. Algo bueno hemos debido hacer para merecer esto.

 

 

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Sobre mí

La vida es un caos y yo soy una chica ordenada. Por eso hago listas. Ahora, Chicalista duerme: http://chicalista.tumblr.com/ También en Vanity Fair: http://blogs.revistavanityfair.es/radar/

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