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La Coctelera

Chica Lista

La vida es un caos y yo soy una chica ordenada. Por eso hago listas.

Categoría: gastronomía

23 Abril 2012

Siete alimentos controvertidos que me encantan

Hay sabores que se aman o se odian. Adivinad a qué bando pertenezco con todos estos:

1. Dátiles: Son feos, amorfos e hipercalóricos. Lo tienen todo para ser despreciados. Pero un dátil es una maravilla de la Naturaleza. Como dátiles cada día, como un mono. Son parte de uno de los secretos mejor guardados de este país: la procedencia de mis reservas de energía. Engordan y mucho, pero sus calorías son calorías-joya, no calorías- bisutería.

2. Mojama: después de décadas de ostracismo, comienza a popularizarse. Otro alimento feo y amorfo. En épocas de tibieza en la que se rechazan los extremos, la mojama es extrema.

3. Alcachofas: se dice, se cuenta, se rumorea, que hay gente a la que no le gustan. No me lo acabo de creer. El sabor de las alcachofas es inexplicable, alcachofiano.

4. Anchoas: sufren de lo mismo que la mojama: del rechazo a los límites. La anchoa es alimento límite y como todos los que me gustan carece de fotogenia.

5. Cilantro: sí, sí hasta la saturación. Sí en sopas, sí sobre el pollo, sí en platos de cuchara, sí en sandwiches. Sí porque me recuerda a mi infancia y sí a todos los países en los que se come cilantro. A todos viajaría y a muchos viajo. Air Cilantro ya.

6. Arroz con leche: como tantas personas, directores de cine, diseñadores de moda, escritores...es capaz de lo mejor y lo peor. Si es lo mejor, es un postre enorme. De nuevo, parte de mi infancia y, por tanto, de mis obsesiones.

7. Ostras: El clásico alimento polémico. Yo, que me he envenenado con una ostra, podría vivir a base de ostras. Esto da pistas de mi carácter.

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24 Mayo 2011

Ocho cosas que no conoces de Asturias

1. En otra vida sería afinadora de quesos. Podría empezar por Asturias, donde dicen (un francés seguro que me lo discute) que hay la mayor densidad de quesos de Europa. No son fáciles pero son deliciosos. Uno de ellos tiene un nombre extraordinario: Afuega´l pitu. El Casín sólo se fabrica en la quesería de Reciegos, y lo hace una mujer que es un ejemplo perfecto de que el I+D+I es el secreto para salir de cualquier crisis: Marigel, la Quesera Mayor de Asturias. Es un queso que está aburrido de ganar premios. Yo no me aburro de comerlo.

2. Si duermes en el NH Palacio de Ferrera de Avilés estarás a un grado de separación de Brad Pitt, que durmió aquí cuando vino a conocer el Centro Niemeyer. También de Woody Allen, que rodó en su jardín inglés Vicky Cristina blabla.

3. El Niemeyer no sólo es un edificio acariciante. En su auditorio actuará este otoño The Bridge Project con Richard III y el mismísimo Keyser Sözé, perdón Kevin Spacey. Quedan meses pero hay que anotarlo en la moleskine ya.

4. El Niemeyer ha agitado tanto a la región que hasta se han inventado dulces inspirados en él. Si pides una Cúpula de Avimeyer en  el café del Ángel te darán un dulce semicircular. A Niemeyer le gustaría.

5. En el Valle del Nalón hay una escuela preciosa de la época de la dictadura de Primo de Rivera, de finales de los 20. Es parte de la ruta "La Aldea Perdida de Palacio Valdés" y remite al paraíso perdido de la infancia, de muchas infancias.

6. En La Nueva, en la plaza del Pozo de San Luis, hay una Casa de Máquinas que es majestuosa. Estos edificios eran sólo funcionales, pero a éste, allá por 1929, le dotaron de una gracia especial. Es la obra cumbre de la arquitectura industrial de la zona.

7. Hay un rincón que me recuerda al Tenement Museum de Nueva York. Está en el Barrio Urquijo, en La Felguera; es una casa que se ha conservado para enseñar cómo vivían los trabajadores de la siderurgia a principios del siglo XX. A veces sólo hacen falta unos metros cuadrados y una cama para lanzarte una lección de Historia Económica y de Ciencias Sociales.

8. Idolatramos la fabada, pero hay vida más allá de ella. En Asturias puedes comer tiradito de pez mantequilla maridado con remolacha en un estrella Michelín como el de Koldo Miranda. También gambas rojas de Palamós casi crudas, setas con chipirones y arroz de foie con erizos en un gastrobar como LLamber, en Avilés. En Asturias se come cada día eso que en otros sitios se cotiza tanto como un bolso Kelly: comida orgánica.

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4 Marzo 2011

Cinco primeras veces de esta semana

1. Primera vez que asisto a un curso de lencería. Como suena. Lo ha organizado Le Boudoir en colaboración con hoteles Room Mate. No voy a contar los contenidos, pero sí que ha sido de lo más provechoso que he aprendido en mucho tiempo. Abajo los MBA!. Hoy y mañana se celebra en el Room Mate Oscar de Madrid un mercadillo de primeras marcas como La Perla. Como buena extremista, soy o de Gap o de La Perla: eso de los matices y los tonos grises lo dejo para gente más madura.

2. Primera vez que pruebo la cocina de Willy Moya. Este cocinero es uno de los abanderados de la cocina andaluza evolutiva. Hay vida más allá del montadito. El largo y cálido almuerzo al que me invitó el miércoles el Ayuntamiento de Sevilla incluía un salmorejo mítico y un salmonete conmovedor. Todo con muchos y buenos vinos de Barbadillo. Me ha servido de revulsivo para maquinar dónde voy a tapear en mi próxima visita a Sevilla. Esto merece un post aparte pero, desde ya, salivo pensando cómo voy a comer en La Tata, un bar-destino que me encanta.

3. Primera vez que pruebo el Agua deSevilla: no es ni inodora, incolora ni insípida. Sabe a azahar.

3. Primera vez que aprendo algo de las regiones de Aveyron, Cantal y Lozère. Soy francófila total, pero de esta zona sólo conocía el queso Cantal, al que idolatro, y el viaducto de Millau. Quiero cruzarlo.

4. Primera vez que escribo en la web de Vanity Fair. Esta semana se ha lanzado la web de la revista y mi blog "Radar". Vanity es una referencia absoluta en mi vida: aprendí inglés leyendo a Bob Colacello y Dominick Dunne!. Pero, queridos trillones de lectores, no os sublevéis que hay causas más importantes: Chicalista continúa!. Seguiré haciendo listas. No tengo otra forma de ordenar el mundo.

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2 Febrero 2011

Cuatro formas de celebrar el Año Nuevo Chino

1. Comiendo comida china. No seré yo quien discuta algo a Adriá, menos después de escucharlo en Madrid Fusión. Lleva años diciendo que la gastronomía china es la que más le interesa. Si a él le sirve, a mí también. En Madrid, puedo celebrar el Año del Conejo cenando. En Asia Gallery (sí, el restaurante oriental del hotel Westin Palace) ofrecen el día 3 por la noche un menú con lo mejor de la cocina cantonesa y pekinesa acompañado de Marqués de Vargas y champagne Laurent Perrier. El China Crown, del 3 al 6 de este mes, servirá un menú que comienza con Dim Sum Imperial, que significa "tocar el corazón". Un año ( y un menú)  que empiezan así, no acabarán mal.

2. Usando cosmética china. De acuerdo, los franceses llevan siglos de ventaja y marketing, pero los orientales tienen pieles envidiables (véase cualquier primer plano de Gong Li). Herborist es una marca china que vende Sephora que tiene mascarillas de color blanco ( limpiadora)  y negro (purificante) para estar suaves y, Mr De Mille, listas para el primer plano.

3. Viajando a China. El Año Nuevo dura hasta el 19 de febrero. Si nos damos prisa podemos tomar un avión mañana y volar a China para celebrarlo in situ. Nada de Beijing o Shanghai. Vayamos a Guilin y durmamos en el Homa. Este hotel está en el primer Relais&Chateau de China y es toda una experiencia. Escribo la palabra con alfileres porque, la pobre, está muy manoseada. El hotel, en el que todo es atípico, está en el Yuzi Paradise Art Park, un parque de esculturas. Además, el complejo admite artistas en residencia.

4. Soñando con China. Y con ver la exposicón "Chanel Couture" del MOCA de Shanghai. De esta marca me gusta todo menos algunos detalles de la biografía de la gran Gabrielle. La expo se puede ver hasta el 14 de Marzo. Uno de sus temas es la abstracción, que aquí se concreta en un objeto: una barra de labios. " Todos admiten que los ojos son el espejo del alma, por qué nadie admite que la boca interpreta al corazon?", mademoiselle dixit. Y yo, como a Adriá, no le discuto nada. Y, ahora perdonadme, que me voy a pintar lo labios.

Tags: chanel, hotel, adria

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17 Enero 2011

Ocho recuerdos de unas minivacaciones en Hautes-Pyrénées

1. Un paso largo largo hasta el Pont d´Espagne, aún sin nieve. Como recompensa, un lago. Soy pesada con los lagos, pero el mar, tan soberbio, les ha ganado siempre en protagonismo. Una pena: son misteriosos, manejables, algo tristes. Los adoro.

 

2. El hotel Lion d´Or, de Cauterets. Sus paredes de toile de jouy, la deliciosa familia que lo regenta. Su wifi, perfecto, gratuito, algo que ya quisieran muchos hoteles sobreestrellados.

3. Las comidas pantagruélicas y casera. Y esa eterna duda: si las francesas comen así, ¿por qué no engordan?.

 

4. Las alubias de Tarbes, el Pousse Rapier, las cebollas de Trébons, la garbure, el queso Tomme des Pyrénées, comido a saltos dentro de un coche.

5. El Circo de Gavernie, el anfiteatro natural más famoso del mundo y primer circo glaciar que piso. Qué energía más extraña…La Unesco ha premiado su paisaje y su relación con el otro lado de la frontera, con España. Su buena relación, claro.

 

6. La sensación de pérdida de gravedad en una piscina de musicoterapia. La cultura del termalismo está muy arraigada en Francia, pero sin snobismos. En esta región hay lugares como Aquensis o Les Bains du Rocher, que son una suerte de parques temáticos del mundo termal, con atracciones de todo tipo. Un plan perfecto para antes de esa cena que a mí no me sienta como a las francesitas.

 

7. El vértigo de los quince minutos de teleférico para subir al Pic du Midi. Saber que es posible dormir en el observatorio a 3000 metros como si estuvieras en una plataforma petrolífera, pero en el cielo en lugar de en el mar. Sólo hay que reservar y esperar. Es barato pero sólo lo pueden hacer 250 personas al año. La información es el nuevo lujo.

8. Ese je-ne-sais-quoi de Francia. Lo tienen el pueblo más pequeño y el Faubourg Saint-Honoré. No lo puedo explicar. Si pudiera, igual tendría más éxito que el Indignez-Vous.

 

Tags: francia, hotel

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11 Enero 2011

Dos regalos y autorregalos para comer, dos para oler, otro para mirar, otro para oir y otro para ocultar

Jamón Ibérico 100% Bellota de Sierra de Sevilla. Sí, el jamón de bellota puede no ser de Jabugo. Este regalo duró, exactamente, treinta segundos en un plato. Maridado con Barbadillo y buena compañía, comme il faut.

Aceite Marqués de Griñón "Oleum Artis". El rey de mi cocina. Ahí está, alegrando mis desayunos.

Ambientador White Jasmine de Zara Home: Un clásico en mi casa. Soy zarahomófila, que suena a aberración sexual pero no, es un síndrome producto del talento del señor Amancio, ahora en pleno trasvase de poderes. Si los partidos políticos andan flojos de candidatos: ¿por qué no proponen  Ortega, que ha puesto de acuerdo a las dos (o tres) Españas?

Esmalte de uñas Gris Montaigne de Dior. Amigos, amigas, padres de amigas y madres (menos), se quedan admiradas ante el color de mis uñas. El gran Tyen rinde homenaje a uno de los códigos de la casa Dior, el gris que escogió Monsieur Dior en 1947 para su tienda en Avenue Montaigne. Ahora, la última colección de maquillaje de Dior es gris. Y mis dedos también. Por supuesto, ambos en edición limitada: el esmalte y yo.

Rosas. Un delicioso bouquet, porque eso no era un ramo, era un bouquet, hablemos con propiedad. Corred, corred a Au nome de la rose y regaladme más. Que nada malo puede pasarme en una casa con flores.

Auriculares Genius GHP 04NC. La felicidad es ver un episodio de Downton Abbey ( ¿se puede hacer forward en el tiempo y ver ya la segunda temporada?) con estos auriculares. Cancelan el ruido de fondo de los aviones, se pueden llevar para correr, sirven como orejeras en invierno y tienen un aire retro ochentero que me gusta. Auriculares blancos del iPod, tenéis los días contados.

Secreto. El último regalo no puede ser desvelado así, alegremente, en un blog cualquiera. Es pequeño, antiguo y tan valioso como inútil. Beauty is in the eye of the beholder. Por supuesto, no hay foto.

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12 Noviembre 2010

Trece razones por las que quiero ir a ver Bon Appétit

1. Porque es un melodrama romántico y aunque, a veces, pienso que ese género me ha destrozado la vida, también la ha hecho mucho más interesante.

2. Porque se ruedan pocas películas románticas en España, melodramas o comedias. Y no quiero pensar demasiado por qué no somos capaces de hacerlas.

3. Porque parte de la acción transcurre en una de mis ciudades favoritas del mundo entero: Zurich. También es una de las de Tyler Brûlé, que se las sabe todas. Me gusta tanto que a veces me dan ganas de mandar el curriculum a Google Europa o de convertirme en banquera para mudarme allí.

4. Porque veo todas las películas (casi) que tienen a la gastronomía de fondo. Eso les da una música especial, ese mundo es hipnótico.

5. Porque hace poco probé  gracias a  Cinegourland, en el restaurante Bascook de Bilbao,  el menú que el cocinero Aitor Elízegui diseñó para la película.

6. Porque sale Unax Ugalde. Las chica, así, en general, somos muy de Unax Ugalde.

7. Porque el vino es otro de los protagonistas. Nunca le agradeceré suficiente a ciertas botellas de vino su papel en mi vida.

8. Porque Bon Appétit fue una de las triunfadoras del último Festival de Málaga y es el primer largo de David Pinillos. David es uno de los mejores montadores de España (véase “Gordos”, de Daniel Sánchez Arévalo y su nominación al Goya). Eso, véase, véase.

9. Por atreverse a algo, a priori, nada cómodo: mezclar idiomas, países, actores para perseguir ese aire europeo que los no-europeos captan cuando lo ven y nosotros no. Además, a mí no me gustan las cosas cómodas. Me gustan confortables, pero no cómodas.

10. Por su subtítulo: “Historias de amigos que se besan”.

11. Porque reúne todos los requisitos de un buen “regalo de viernes”.

12. Porque me gustan las películas con nieve ( todo un género); porque a la gente vestida de invierno, con sus bufandas y sus gorros y sus manos frías, dan ganas de abrazarla.

13. Porque Pinillos dice cosas como que “el amor es complicadamente sencillo”.  Qué sabio.

 

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26 Agosto 2010

Quince cosas que he hecho en un indolente pero productivo día de agosto

Salir a correr por el Templo de Debod mientras pienso que tengo que actualizar el blog.

Mirar las portadas de las revistas de la semana y descubrir cuánta información estéril tengo almacenada. Sé quién es Amanda Hearts sin que me lo explique el Hola!.

Envolverme con Eau Dynamisante, de Clarins, un olor feliz  que debería llenar las calles. Pensar que igual que alguien se inventó el término boyfriend pants, debería existir boyfriend perfum o girlfriend perfum, esos perfumes que se “roban” en cuartos de baño ajenos.

Escribir un reportaje para una de mis revistas sobre los mejores spas del mundo. Por el camino he elaborado mi top-five (futura lista).

Leer y estudiar sobre la época de la Secession vienesa para otro artículo de otra revista. De paso, recomendar el hotel Altstatt a unos amigos que van a Viena y recordar que estamos en el Año Mahler

Teclear “Gustav Mahler” en Spotify.

Pensar si cortarme el pelo como Emma Watson o si llevar el último Harper´s Bazaar a la peluquería, señalar la melena de Bianca Balti y decir: “Así quiero el pelo”. Esperar la carcajada de la peluquera. Nota: Qué difícil es ver una buena portada como la del Harper´s en España.

 

Ir rellenando el Calendario de Google, ese gran aliado, con presentaciones a prensa (Korres, Gucci, Oysho…) y viajes otoñales.

 

Comer en Sukothay su especialidad del verano: salmorejo asiático.

 

Leer por enésima vez y en la enésima revista que esta temporada iremos vestidas de camel, llevaremos zapatos masculinos y faldas de vuelo. Menos mal que lo tengo ya todo por listilla, por visionaria o por antigua!. Básicamente unos días pretenderemos ir como extras de las dos primeras temporadas de Mad Men y otros como si estuviéramos en Balmoral con a Familia Real Inglesa.

Buscar por varias librerías “Qué hago yo aquí”, de Bruce Chatwin con vistas a un proyecto con un nombre muy catchy pero sin sponsor. Aún.

Hojear “El Mapa de la vida”, de Adolfo García Ortega y decidir que sí, que lo voy a leer. Hablar con alguien de cómo me ha gustado “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince. Y de cómo algunos libros tienen la virtud de abrir puertas cerradas con mucho cuidado y de cómo a veces logran eso casi imposible de transmitir amor.

Leer los provocadores artículos de Luz Sánchez-Mellado de El País. Qué divertida. Qué bien sabe quedarse en el borde de peligro.

Ver un par de capítulos de How I met your mother, el Friends de mi generación

Cenar comida de Kotobuki mientras hablamos de maratones, masters, hoteles en Berlin y last but not least at all: hombres.

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Sobre mí

La vida es un caos y yo soy una chica ordenada. Por eso hago listas. Ahora, Chicalista duerme: http://chicalista.tumblr.com/ También en Vanity Fair: http://blogs.revistavanityfair.es/radar/

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