Categoría: Hoteles
17 Septiembre 2011
1. Porque seguro que no lo has pensado, ocupado en considerar Paris, tan rutilante, o Londres, tan eficaz. O Roma, tan lleno de gente.
2. Porque en 1914, Cortázar nació allí. Esa razón sólo tiene validez para los cronopios, famas y esperanzas desparramados en el mundo. De hecho, el resto no entenderá esto. Y no pasa nada: hay sitio para todos.

3. Por calles tan bonitas como la rue Lepoutre, en Ixelles, donde nació en el número 114 el enormísimo cronopio y donde yo quiero vivir. Y porque bajo la apariencia burguesa y tranquila, la ciudad es rara, surrealista y magrittiana.
3. Por hoteles como Tembosch House. La vuelta de tuerca del Bed&Breakfast.

4. Por la concentración de Art Nouveau que hay en Flandes. Este año se cumplen 150 años del nacimiento del padre del movimiento, Victor Horta y hay que ir a pasear por allá para celebrarlo. Hay dos casas Art Nouveau maravillosas en la rue Darwin. En una de ellas, un estudio de artista realizada por un discípulo de Horta, es posible alojarse.

5. Porque este mes se celebra Design September, un mes en el que cien espacios de la ciudad se vuelcan en mostrar buen diseño. Demuestra que no sólo de diseño escandinavo vivimos los treintañeros urbanitas.

6. Por las pastelerías y tiendas de bombones como las de Wittamer o Marcolini. Yo, que no soy golosa, entro en ellas en silencio con un respeto impropio. Imaginación, lujo, y una cultura chocolatera que no conocemos.
7. Por las patatas fritas, ese alimento sagrado. Más sin son comidas en la Museum Brasserie, en medio del Museo de Bellas Artes.

8. Para comprar vintage a buen precio. Bruselas no está hinchado como Copenhague y mantiene buen nivel. Aquí hay tradición de Art Deco y de coleccionismo. Hay que aprovecharlo. De mi último viaje me vine con una lámpara bajo el brazo. La compré en la
Design Market, un descubrimiento que me dejó hiperventilando. Y que no sé por qué os cuento porque quería mantenerlo en secreto.
9. Porque se puede comer en el restaurante que está en una de las esferas del
Atomium! El
Atomium, ese icono pop. De pequeña tenía un libro de
“Las Maravillas del mundo” y el
Atomium y el Gran Buda de Kamakura eran mis dos maravillas favoritas. Me quedaba un rato mirando la página con las bolas de acero. Todavía recuerdo cómo olía ese libro.

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24 Mayo 2011

1. En otra vida sería afinadora de quesos. Podría empezar por Asturias, donde dicen (un francés seguro que me lo discute) que hay la mayor densidad de quesos de Europa. No son fáciles pero son deliciosos. Uno de ellos tiene un nombre extraordinario: Afuega´l pitu. El Casín sólo se fabrica en la quesería de Reciegos, y lo hace una mujer que es un ejemplo perfecto de que el I+D+I es el secreto para salir de cualquier crisis: Marigel, la Quesera Mayor de Asturias. Es un queso que está aburrido de ganar premios. Yo no me aburro de comerlo.
2. Si duermes en el NH Palacio de Ferrera de Avilés estarás a un grado de separación de Brad Pitt, que durmió aquí cuando vino a conocer el Centro Niemeyer. También de Woody Allen, que rodó en su jardín inglés Vicky Cristina blabla.

3. El Niemeyer no sólo es un edificio acariciante. En su auditorio actuará este otoño The Bridge Project con Richard III y el mismísimo Keyser Sözé, perdón Kevin Spacey. Quedan meses pero hay que anotarlo en la moleskine ya.
4. El Niemeyer ha agitado tanto a la región que hasta se han inventado dulces inspirados en él. Si pides una Cúpula de Avimeyer en el café del Ángel te darán un dulce semicircular. A Niemeyer le gustaría.
5. En el Valle del Nalón hay una escuela preciosa de la época de la dictadura de Primo de Rivera, de finales de los 20. Es parte de la ruta "La Aldea Perdida de Palacio Valdés" y remite al paraíso perdido de la infancia, de muchas infancias.

6. En La Nueva, en la plaza del Pozo de San Luis, hay una Casa de Máquinas que es majestuosa. Estos edificios eran sólo funcionales, pero a éste, allá por 1929, le dotaron de una gracia especial. Es la obra cumbre de la arquitectura industrial de la zona.
7. Hay un rincón que me recuerda al Tenement Museum de Nueva York. Está en el Barrio Urquijo, en La Felguera; es una casa que se ha conservado para enseñar cómo vivían los trabajadores de la siderurgia a principios del siglo XX. A veces sólo hacen falta unos metros cuadrados y una cama para lanzarte una lección de Historia Económica y de Ciencias Sociales.
8. Idolatramos la fabada, pero hay vida más allá de ella. En Asturias puedes comer tiradito de pez mantequilla maridado con remolacha en un estrella Michelín como el de Koldo Miranda. También gambas rojas de Palamós casi crudas, setas con chipirones y arroz de foie con erizos en un gastrobar como LLamber, en Avilés. En Asturias se come cada día eso que en otros sitios se cotiza tanto como un bolso Kelly: comida orgánica.
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17 Enero 2011
1. Un paso largo largo hasta el Pont d´Espagne, aún sin nieve. Como recompensa, un lago. Soy pesada con los lagos, pero el mar, tan soberbio, les ha ganado siempre en protagonismo. Una pena: son misteriosos, manejables, algo tristes. Los adoro.
2. El hotel Lion d´Or, de Cauterets. Sus paredes de toile de jouy, la deliciosa familia que lo regenta. Su wifi, perfecto, gratuito, algo que ya quisieran muchos hoteles sobreestrellados.
3. Las comidas pantagruélicas y casera. Y esa eterna duda: si las francesas comen así, ¿por qué no engordan?.

4. Las alubias de Tarbes, el Pousse Rapier, las cebollas de Trébons, la garbure, el queso Tomme des Pyrénées, comido a saltos dentro de un coche.
5. El Circo de Gavernie, el anfiteatro natural más famoso del mundo y primer circo glaciar que piso. Qué energía más extraña…La Unesco ha premiado su paisaje y su relación con el otro lado de la frontera, con España. Su buena relación, claro.

6. La sensación de pérdida de gravedad en una piscina de musicoterapia. La cultura del termalismo está muy arraigada en Francia, pero sin snobismos. En esta región hay lugares como Aquensis o Les Bains du Rocher, que son una suerte de parques temáticos del mundo termal, con atracciones de todo tipo. Un plan perfecto para antes de esa cena que a mí no me sienta como a las francesitas.
7. El vértigo de los quince minutos de teleférico para subir al Pic du Midi. Saber que es posible dormir en el observatorio a 3000 metros como si estuvieras en una plataforma petrolífera, pero en el cielo en lugar de en el mar. Sólo hay que reservar y esperar. Es barato pero sólo lo pueden hacer 250 personas al año. La información es el nuevo lujo.
8. Ese je-ne-sais-quoi de Francia. Lo tienen el pueblo más pequeño y el Faubourg Saint-Honoré. No lo puedo explicar. Si pudiera, igual tendría más éxito que el Indignez-Vous.

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26 Agosto 2010

Salir a correr por el Templo de Debod mientras pienso que tengo que actualizar el blog.
Mirar las portadas de las revistas de la semana y descubrir cuánta información estéril tengo almacenada. Sé quién es Amanda Hearts sin que me lo explique el Hola!.
Envolverme con Eau Dynamisante, de Clarins, un olor feliz que debería llenar las calles. Pensar que igual que alguien se inventó el término boyfriend pants, debería existir boyfriend perfum o girlfriend perfum, esos perfumes que se “roban” en cuartos de baño ajenos.
Escribir un reportaje para una de mis revistas sobre los mejores spas del mundo. Por el camino he elaborado mi top-five (futura lista).
Leer y estudiar sobre la época de la Secession vienesa para otro artículo de otra revista. De paso, recomendar el hotel Altstatt a unos amigos que van a Viena y recordar que estamos en el Año Mahler
Teclear “Gustav Mahler” en Spotify.

Pensar si cortarme el pelo como Emma Watson o si llevar el último Harper´s Bazaar a la peluquería, señalar la melena de Bianca Balti y decir: “Así quiero el pelo”. Esperar la carcajada de la peluquera. Nota: Qué difícil es ver una buena portada como la del Harper´s en España.
Ir rellenando el Calendario de Google, ese gran aliado, con presentaciones a prensa (Korres, Gucci, Oysho…) y viajes otoñales.
Comer en Sukothay su especialidad del verano: salmorejo asiático.
Leer por enésima vez y en la enésima revista que esta temporada iremos vestidas de camel, llevaremos zapatos masculinos y faldas de vuelo. Menos mal que lo tengo ya todo por listilla, por visionaria o por antigua!. Básicamente unos días pretenderemos ir como extras de las dos primeras temporadas de Mad Men y otros como si estuviéramos en Balmoral con a Familia Real Inglesa.
Buscar por varias librerías “Qué hago yo aquí”, de Bruce Chatwin con vistas a un proyecto con un nombre muy catchy pero sin sponsor. Aún.
Hojear “El Mapa de la vida”, de Adolfo García Ortega y decidir que sí, que lo voy a leer. Hablar con alguien de cómo me ha gustado “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince. Y de cómo algunos libros tienen la virtud de abrir puertas cerradas con mucho cuidado y de cómo a veces logran eso casi imposible de transmitir amor.
Leer los provocadores artículos de Luz Sánchez-Mellado de El País. Qué divertida. Qué bien sabe quedarse en el borde de peligro.

Ver un par de capítulos de How I met your mother, el Friends de mi generación
Cenar comida de Kotobuki mientras hablamos de maratones, masters, hoteles en Berlin y last but not least at all: hombres.
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11 Julio 2010

Amangiri (Utah, USA): Me fascinó desde el primer día que lo vi. En medio de la nada, de ese paisaje fantasmal, ese paraíso.

Furnas Lake Villas (Azores, Portugal) Estuve hace poco a cien metros y no llegué a alojarme. Está en uno de los lugares más raros del mundo, la isla de San Miguel, y sólo por este hotel, tengo que volver.

Tenboschhouse (Bruselas): Cuando oigo eso de que un “hotel parezca tu casa” me echo a temblar: yo quiero que un hotel sea un hotel. En este caso, me gustaría que mi casa fuera así.

Standard ( Nueva York, USA) Hasta que instalaron cortinas en este hotel, se convirtió en el centro del voyeurismo de Manhattan. Una vez protegidos de las miradas de los que pasean por la High Line, el placer de mirar a la ciudad, la hermosísima ciudad, desde arriba no tiene precio. Bueno, creo que sí.

Jing Residence (China). Esta es la China que sí me gusta. Yo quiero sentirme una Gong Li cualquiera iluminada por linternas. Un lugar espectacular, muy Zhang Yimou.

Palafitte (Neuchâtel, Suiza): hoteles como éste refuerzan mi recién comenzado affaire con Suiza.

Hotel de Larache (Atacama, Chile): comparte con el Amangiri de Utah y nuestro Aire de Bardenas un formato que me encanta: desierto, aislamiento y hotelazo

Hotel Boca Chica (Acapulco, Mexico) Porque es simple: habitación luminosa con sábanas blancas, buenas vistas y piscina. Está en la bahía de Acapulco que me trae muy buenos recuerdos, y yo soy una maldita sentimental.

Malhadinha Nova (Alentejo, Portugal). Me recuerda a los paisajes de mi infancia pero me ofrece los gustos de mi vida adulta.

Oberoi Vanyavilas (Ranthambhore, India). Los lectores de la revista Travel&Leisure lo ha elegido el mejor hotel de Asia y el mejor del mundo. Ni me molestaría en salir a buscar al famoso tigre. Ay, los hoteles de la India (suspiro…)

Singita Sabi Sand (Sudáfrica). Ahora que sabemos colocar en el mapa a Durban, a Pretoria y hasta pronunciar Potchefstroom es buen momento para conocer otra parte del país. Hacerlo en hoteles así es muy postcolonialista, lo sé, pero irresistible.

Woodland Inn (South Carolina, USA) Espero que ciudades como Charleston o Savannah sean algunos de mis próximos destinos viajeros. Quiero plantaciones, acento sureño que no entienda, ancianas vestidas de malva, leer a Truman Capote y a Faulkner allí, y pasar muchas mediasnoches en el jardín del bien y del mal.
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24 Mayo 2010
-Las paredes estucadas, desconchadas, que nadie se molesta en arreglar.

-El aperitivo italiano, tomado antes de la cena en el que se mezclan prosecco, berejenas, frutos secos, aceitunas, conservas y un largo, estrecho y hedonista etcétera.
-La Costa de Amalfi, difícil, adulta y hermosa hasta la anestesia.

-Ravello. Antiberlusconiano, modelo de buen gusto, refugio de uno de mis mitos absolutos, Greta Garbo. Su Festival de Música, que me demuestra lo mayor que soy porque lo prefiero al FIB.
-Las composiciones azarosas formadas por buganvillas de dos colores y maceteros gigantes que alguien, en algún momento puso ahí y olvidó con un sentido estético sublime.

-Las endorfinas que se generan cada vez que alguien te dice: "Bravissima".
-El fiordo de Furore: agresivo, privado, fotogénico.

-Los desayunos en los que hay que decidir si gorgonzola o mozzarella, si prosciuto o bresaola, si capuccino o macciato, si al sol o a la sombra, si mirando hacia Amalfi o mirando hacia el mar.
-Los conventos que se convierten en hoteles como el Grand Hotel Convento de Amalfi, con pasillos que son claustros, piscinas que son mares, cortinas blancas que se mueven como velos de novia, habitaciones que son islas y nombres que le hacen justicia. Grand Hotel también es el título de una película de Greta Garbo, casualidades que son causalidades.

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23 Abril 2010


1. Comer helados en Santini, una de las heladerías míticas de Europa, como si fueras un príncipe sin trono.
2. Bañarte en una piscina tan extravagante como la del hotel Muchaxo, un lugar que vivio su heyday en los años 60 y de cuyo esplendor queda una piscina medio lunar medio retrofuturista que no se parece a nada.
3. Conocer a Federer, sí ese übertriunfador pluscuamperfecto que incluso llora en público y por eso nos gusta aún más. Estará jugando en el Open de Tenis de Estoril el 9 de Mayo y gracias a una acción en Facebook es posible conseguir una entrada doble para la Gran Final.
4. Disfrutar de la preciosa playa de Guincho, con su arena infinita y su agua helada revitalizante.
5. Visitar la Casa das Historias de Paula Rego, en un edificio de Souto de Moura amable y fotogénico. Y descubrir, sonrojada, lo poco que conocía a esta pintora. Y descubrir, sin sonrojar a modo de "Alicia en el País de las Maravillas" que los viajes son siempre puertas que se abren.
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6 Febrero 2010

1. Bañarme en una piscina exterior a - 20 grados. rodeada de nieve.
2. Hacer rafting en la nieve.
3. Llevar dos pantalones, dos gorros, dos bufandas, dos plumas (uno de ellos mi achampanado, ultraligero e insuficiente nuevo plumas de Uniqlo), cinco capas de ropa, dos pares de guantes, hand warmers y toe warmers.
4. Usar la crema Eight Hours como si fuera hidratante.
5. Comer fajitas con café. El primer blog que tuve, en 2002, se llamaba Capuccino con Carpaccio. El nombre surgió después de ver comer a una señora en un restaurante exquisito su plato de carpaccio junto a un humeante capuccino. La mezcla me espantó tanto como me atrajo su atrevimiento; decidí que iba a escribir un blog, que entonces no sabía ni qué era, con ese espíritu. El blog duró poco, pero nunca olvidé esa forma de comer, tan norteamericana y desprejuiciada. Hace una semana he hecho algo parecido y he confirmado que hay ciertas cosas a las que no hay que resistirse.
6. ir a un Carnaval, el de Québec, en el que nadie se disfraza, la gente baila y canta vestida con ropa de esquí, hay carreras de trineos tirados por perros y de canoas sobre un río helado. Si a mí el que me gusta es el de Cádiz. Pero de nuevo, no hay que resistirse.
7. Alojarme en el mismo hotel, el Fairmont Queen Elizabeth, donde John Lennon y Yoko Ono hicieron su "Bed-in for Peace" en 1969 para protestar contra la guerra de Vietnam.
8. Beber vodka en un vaso de hielo en un hotel de hielo. Toda yo convertida en hielo.
9. Estar cinco días sin usar el móvil.
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