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La Coctelera

Chica Lista

La vida es un caos y yo soy una chica ordenada. Por eso hago listas.

Categoría: Viajes

23 Mayo 2012

Seis cosas que hay que llevar siempre en el equipaje de mano...

...por si se retrasa la maleta.

Porque no siempre estamos en un hotel Mandarin Oriental que te ofrezca preciosa caja negra con un kit de supervivencia cuando esto ocurre y te ves, en un país extraño, solo y solo ( esas tildes de antes...) con un bolso al hombro.

  • Las madres, a grandes rasgos, suelen tener razón. Cuando dicen: "lleva ropa interior a mano" despliegan un sentido común atávico. Da pereza, pero se agradece. ¿Quién quiere ir a comprarla a las 9 de la noche, por ejemplo, en Frankfurt y en Febrero? No pesa. Desamparados y sin ropa sí, con sensación de suciedad, no.
  • Touch Eclat. El cepillo de dientes es necesario, pero el Touch Eclat lo cambia todo. Que una maleta llegue 9 horas tarde se lleva mejor si cuando te miras al espejo, ves algo correcto. E iluminado. Desamparadas y sin ropa sí, mortecinas, no.
  • Si el vuelo es de vuelta, no hay que olvidar las llaves de casa. Hay un amplio anecdotario de personas que tuvieron que buscar hotel en su propia ciudad por haber dejado las llaves en la maleta principal. Desamparados y sin ropa sí, con cara de tontos, no.
  • Cargadores. Abultan pero te salvarán esas horas de incertidumbre hasta que la maleta se recupera. Desamparados y sin ropa sí, desconectados, no.
  • Miopes: las gafas tienen que ir siempre con vosotros, con nosotros. Y el estuche de lentillas, y el líquido. Esto nos permite la supervivencia. Desamparados y sin ropa sí, limitados, no.
  • Cualquier gadget al que consideres tu amigo. Nunca los factures. Nunca. Es una orden. El portátil siempre va con uno. Desamparados y sin ropa sí, bobos, no.

Y sí, claro, la Visa, el dentrífico, el desodorante, el móvil, los caramelos de menta, la libreta y el bolígrafo, el microneceser, la novela....Pero eso ya lo sabemos.

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17 Septiembre 2011

Diez razones para escaparse un fin de semana a la rara ciudad de Bruselas

1. Porque seguro que no lo has pensado, ocupado en considerar Paris, tan rutilante, o Londres, tan eficaz. O Roma, tan lleno de gente.

2. Porque en 1914, Cortázar nació allí. Esa razón sólo tiene validez para los cronopios, famas y esperanzas desparramados en el mundo. De hecho, el resto no entenderá esto. Y no pasa nada: hay sitio para todos.

3. Por calles tan bonitas como la rue Lepoutre, en Ixelles, donde nació en el número 114 el enormísimo cronopio y donde yo quiero vivir. Y porque bajo la apariencia burguesa y tranquila, la ciudad es rara, surrealista y magrittiana.

3. Por hoteles como Tembosch House. La vuelta de tuerca del Bed&Breakfast.

4. Por la concentración de Art Nouveau que hay en Flandes. Este año se cumplen 150 años del nacimiento del padre del movimiento, Victor Horta y hay que ir a pasear por allá para celebrarlo. Hay dos casas Art Nouveau maravillosas en la rue Darwin. En una de ellas, un estudio de artista realizada por un discípulo de Horta, es posible alojarse.

5. Porque este mes se celebra Design September, un mes en el que cien espacios de la ciudad se vuelcan en mostrar buen diseño. Demuestra que no sólo de diseño escandinavo vivimos los treintañeros urbanitas.

6. Por las pastelerías y tiendas de bombones como las de  WittamerMarcolini. Yo, que no soy golosa, entro en ellas en silencio con un respeto impropio. Imaginación, lujo, y una cultura chocolatera que no conocemos.

7. Por las patatas fritas, ese alimento sagrado. Más sin son comidas en la Museum Brasserie, en medio del Museo de Bellas Artes.

8. Para comprar vintage a buen precio. Bruselas no está hinchado como Copenhague y mantiene buen nivel. Aquí hay tradición de Art Deco y de coleccionismo. Hay que aprovecharlo. De mi último viaje me vine con una lámpara bajo el brazo. La compré en la Design Market, un descubrimiento que me dejó hiperventilando. Y que no sé por qué os cuento porque quería mantenerlo en secreto.
9. Porque se puede comer en el restaurante que está en una de las esferas del Atomium! El Atomium, ese icono pop. De pequeña tenía un libro de “Las Maravillas del mundo” y el Atomium y el Gran Buda de Kamakura eran mis dos maravillas favoritas. Me quedaba un rato mirando la página con las bolas de acero. Todavía recuerdo cómo olía ese libro.

Tags: cortazar, hotel

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27 Marzo 2011

Siete recuerdos tangibles de Mexico DF

1. Una esfera reflejante. Barragán colocaba de forma casi obsesiva esferas de espejo en las habitaciones de las casas. Así contraía el espacio. Cómo no traerme a casa una de ellas, si la Casa Barragán es uno de los lugares más emocionantes que he visitado en mi vida.

2. Colonia de Agua de Lluvia de Sanborns. Cualquier mexicano se reiría de mí ante esta compra. Sanborns es lo más. Es puro alcohol, el diseño es pésimo y el cristal pesa, pero hay algo sencillo y bonito en ella.

3. Crema hidratante Teatrical. Aquí los mexicanos siguen riéndose de mí, pero esa ciudad me ha convertido en un ente deshidratado con urgencia de alivios rápidos. Y aquí entra Teatrical, un clásico local. No es que tenga diseño retro, es que apenas se ha modificado desde 1919. Adorable mi tubo de crema Teatrical.

4. Lencería de Desiderata. Señores de La Perla, miren de reojo a esta marca "made in Mexico": lo hace muy bien. Bordados delicados y formas que hacen delgada (oh, yeah) pero no escurrida. Recuerdo tangible total. A España ya!

5. Una Virgen de Guadalupe de lentejuelas de colores, regalo de @johnnycarmona.

6. Revistas como La Revista. Qué buenas revistas hay allí. Qué bien escritas, qué imprevisibles y qué serias. Ejemplo: esta entrevista a Enrique Norten

7. Botella de Tequila. Yo soy muy fan de los tópicos; me dan pena los que los evitan con ese afán tan contemporáneo de buscar caminos propios. El aperitivo de esta primavera va a ser tequila con sangrita, el Bloody Mary mexicano. Ni Chavela, ni María Felix ni yo podemos estar equivocadas.

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12 Marzo 2011

Veintidos cosas que adoro de Japon

1. Que es algo y su contrario: silencio y ruido de pachinko, rascacielos y jardines de piedra, humo y cerezos en flor, kimono y cosplay.

2. La comida. El paraíso en la tierra

3. Las cajas bento. Todas. Son fotogénicas y explican mucho de lo que hay que saber de esa cultura.

4. Kurosawa.

5. Los inodoro, tan polifacéticos. El que no haya reído a carcajadas y disfrutado en uno de ellos, por favor, que deje de leer este blog

6. Los hoteles enormes y sus piscinas cubiertas, en las que puedes nadar de noche con la ciudad iluminada de fondo.

7. Las delirantes vending machines, en las que compras desde un huevo cocido a una camisa blanca planchada.

8. El 21_21 Design Sight, que es tan fácil no ver.

9. Los desayunos de los hoteles.

10. Las geishas que hacen fotos con el móvil.

11. Las pieles de las japonesas.

12. La arquitectura de SANAA, Isozaki, Tadao Ando y tantos otros que construyen pequeño y discreto.

13. Murakami, sus carreras, su jazz y sus libros, en los que hablan los gatos y se está tan bien dentro.

14. Las ancianas que compran en Nihonbashi Mitsukoshi.

15. Las droguerías-perfumerías en las que no sabes si lo que compras es para comer o para lavarse el pelo.

16. Los love hotels.

17. Cuando llevan mascarilla no lo hacen para contagiarse, sino para no contagiarte.

18. El shopping: puede que el mejor del mundo, y esto es un gran statement.

19. Que allí siempre me siento extraña. Que no entiendo nada.

20. Las fotografías de Kohei Yoshiyuki.

21. Los depachika, las plantas sótano de los grandes almacenes. Emocionantes. A quien no se le mueva nada allí, por favor, ese también me puede dejar de leer.

22. Las tiendas de "Todo a 100 yenes".

23. Vagabundear por Tokyu Hands y comprar cuadernos y cubiteras absurdas.

24. Es el reino de los pequeños cosas.

25. Allí siempre he sido muy feliz. Aguanta, Japon.

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4 Marzo 2011

Cinco primeras veces de esta semana

1. Primera vez que asisto a un curso de lencería. Como suena. Lo ha organizado Le Boudoir en colaboración con hoteles Room Mate. No voy a contar los contenidos, pero sí que ha sido de lo más provechoso que he aprendido en mucho tiempo. Abajo los MBA!. Hoy y mañana se celebra en el Room Mate Oscar de Madrid un mercadillo de primeras marcas como La Perla. Como buena extremista, soy o de Gap o de La Perla: eso de los matices y los tonos grises lo dejo para gente más madura.

2. Primera vez que pruebo la cocina de Willy Moya. Este cocinero es uno de los abanderados de la cocina andaluza evolutiva. Hay vida más allá del montadito. El largo y cálido almuerzo al que me invitó el miércoles el Ayuntamiento de Sevilla incluía un salmorejo mítico y un salmonete conmovedor. Todo con muchos y buenos vinos de Barbadillo. Me ha servido de revulsivo para maquinar dónde voy a tapear en mi próxima visita a Sevilla. Esto merece un post aparte pero, desde ya, salivo pensando cómo voy a comer en La Tata, un bar-destino que me encanta.

3. Primera vez que pruebo el Agua deSevilla: no es ni inodora, incolora ni insípida. Sabe a azahar.

3. Primera vez que aprendo algo de las regiones de Aveyron, Cantal y Lozère. Soy francófila total, pero de esta zona sólo conocía el queso Cantal, al que idolatro, y el viaducto de Millau. Quiero cruzarlo.

4. Primera vez que escribo en la web de Vanity Fair. Esta semana se ha lanzado la web de la revista y mi blog "Radar". Vanity es una referencia absoluta en mi vida: aprendí inglés leyendo a Bob Colacello y Dominick Dunne!. Pero, queridos trillones de lectores, no os sublevéis que hay causas más importantes: Chicalista continúa!. Seguiré haciendo listas. No tengo otra forma de ordenar el mundo.

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17 Enero 2011

Ocho recuerdos de unas minivacaciones en Hautes-Pyrénées

1. Un paso largo largo hasta el Pont d´Espagne, aún sin nieve. Como recompensa, un lago. Soy pesada con los lagos, pero el mar, tan soberbio, les ha ganado siempre en protagonismo. Una pena: son misteriosos, manejables, algo tristes. Los adoro.

 

2. El hotel Lion d´Or, de Cauterets. Sus paredes de toile de jouy, la deliciosa familia que lo regenta. Su wifi, perfecto, gratuito, algo que ya quisieran muchos hoteles sobreestrellados.

3. Las comidas pantagruélicas y casera. Y esa eterna duda: si las francesas comen así, ¿por qué no engordan?.

 

4. Las alubias de Tarbes, el Pousse Rapier, las cebollas de Trébons, la garbure, el queso Tomme des Pyrénées, comido a saltos dentro de un coche.

5. El Circo de Gavernie, el anfiteatro natural más famoso del mundo y primer circo glaciar que piso. Qué energía más extraña…La Unesco ha premiado su paisaje y su relación con el otro lado de la frontera, con España. Su buena relación, claro.

 

6. La sensación de pérdida de gravedad en una piscina de musicoterapia. La cultura del termalismo está muy arraigada en Francia, pero sin snobismos. En esta región hay lugares como Aquensis o Les Bains du Rocher, que son una suerte de parques temáticos del mundo termal, con atracciones de todo tipo. Un plan perfecto para antes de esa cena que a mí no me sienta como a las francesitas.

 

7. El vértigo de los quince minutos de teleférico para subir al Pic du Midi. Saber que es posible dormir en el observatorio a 3000 metros como si estuvieras en una plataforma petrolífera, pero en el cielo en lugar de en el mar. Sólo hay que reservar y esperar. Es barato pero sólo lo pueden hacer 250 personas al año. La información es el nuevo lujo.

8. Ese je-ne-sais-quoi de Francia. Lo tienen el pueblo más pequeño y el Faubourg Saint-Honoré. No lo puedo explicar. Si pudiera, igual tendría más éxito que el Indignez-Vous.

 

Tags: francia, hotel

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11 Enero 2011

Dos regalos y autorregalos para comer, dos para oler, otro para mirar, otro para oir y otro para ocultar

Jamón Ibérico 100% Bellota de Sierra de Sevilla. Sí, el jamón de bellota puede no ser de Jabugo. Este regalo duró, exactamente, treinta segundos en un plato. Maridado con Barbadillo y buena compañía, comme il faut.

Aceite Marqués de Griñón "Oleum Artis". El rey de mi cocina. Ahí está, alegrando mis desayunos.

Ambientador White Jasmine de Zara Home: Un clásico en mi casa. Soy zarahomófila, que suena a aberración sexual pero no, es un síndrome producto del talento del señor Amancio, ahora en pleno trasvase de poderes. Si los partidos políticos andan flojos de candidatos: ¿por qué no proponen  Ortega, que ha puesto de acuerdo a las dos (o tres) Españas?

Esmalte de uñas Gris Montaigne de Dior. Amigos, amigas, padres de amigas y madres (menos), se quedan admiradas ante el color de mis uñas. El gran Tyen rinde homenaje a uno de los códigos de la casa Dior, el gris que escogió Monsieur Dior en 1947 para su tienda en Avenue Montaigne. Ahora, la última colección de maquillaje de Dior es gris. Y mis dedos también. Por supuesto, ambos en edición limitada: el esmalte y yo.

Rosas. Un delicioso bouquet, porque eso no era un ramo, era un bouquet, hablemos con propiedad. Corred, corred a Au nome de la rose y regaladme más. Que nada malo puede pasarme en una casa con flores.

Auriculares Genius GHP 04NC. La felicidad es ver un episodio de Downton Abbey ( ¿se puede hacer forward en el tiempo y ver ya la segunda temporada?) con estos auriculares. Cancelan el ruido de fondo de los aviones, se pueden llevar para correr, sirven como orejeras en invierno y tienen un aire retro ochentero que me gusta. Auriculares blancos del iPod, tenéis los días contados.

Secreto. El último regalo no puede ser desvelado así, alegremente, en un blog cualquiera. Es pequeño, antiguo y tan valioso como inútil. Beauty is in the eye of the beholder. Por supuesto, no hay foto.

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4 Enero 2011

Cinco regalos y autorregalos para leer

Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac (Entropía, 2008). Literatura de ninfas posmodernas. Abrumador derroche de teorías, referencias, influencias, bromas, exabruptos. Más información sobre la niña terrible de la literatura argentina en este artículo. Pero qué leídas son algunas blogueras...

Jardines de Paris de Fabrice Moireau y Jean-Pierre Le Dantec (Anaya Touring, 2009). Toda la colección es una maravilla, pero este libro es puro romanticismo. Te agarra de la mano y te sienta en un jardín de Paris sin que te des cuenta. Además, los jardines me calman, esa idea de intentar ordenar la Naturaleza, tan atolondrada ella.

The Fashion File de Janie Bryant (Apple, 2009). Comprado con la excusa de "qué bien me viene para mis clases del Master". Qué bien me viene a mí. Punto. La diseñadora de vestuario de Mad Men ha escrito este libro que esconde, bajo el fru-frú del cancán, arengas de auto-ayuda del estilo: "Only self-appreciation allowed",  "How to achieve bra bliss" o "Don´t be a comma, be an exclamation point". Pero me vendrá bien para el Master.

Backstage Dior de Roxanne Lewit (teNeues, 2009): Librazo. Fotazas. Enorme ejercicio de branding. La fotógrafa Roxanne Lewit celebra la fantasía y la artesanía que hay detrás de todo desfile de Alta Costura de Galliano para Dior. Detalle sentimental: uno de los textos está firmado por Valerie Steele, que participó en mi tesis y que me ha enseñado dos o tres cosas sobre moda.

Amor se escribe sin H de Enrique Jardiel Poncela (AHR, 1965). Fuera prejuicios: a morirse de risa con Jardiel. A reir en voz alta. Iba a comprar la edición de mis queridos Blackie Books pero en mi casa encontré una joya: una edición de 1965 firmada por mi padre. Pero¿cómo va a ser serio el amor, si se escribe sin H?

Tags: mad men, jardines, mad

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Sobre mí

La vida es un caos y yo soy una chica ordenada. Por eso hago listas. Ahora, Chicalista duerme: http://chicalista.tumblr.com/ También en Vanity Fair: http://blogs.revistavanityfair.es/radar/

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